🌙 El lugar donde me habito, no tiene que ver con mi casa.
Soy sagitariana, y vivo en mi cabeza las veinticuatro horas del día. A veces, lidiar con el ruido externo me cuesta más de lo que quisiera.
En un viaje que hice sola —a Perú, a Machu Picchu— entendí algo que no había sentido antes: puedo habitarme sola. Viajo mucho sola, sí, pero esta vez fue distinto. Sentí que toda esa práctica de años —mi entrenamiento espiritual, mi búsqueda— había sido una manera de ir calmando el ruido mental, aunque no siempre lo logre del todo.
He estado en la oscuridad mucho tiempo. Me enojé con la vida cuando falleció mi mamá. Ella fue quien me dio todas las herramientas... y también, hay que decirlo, quien a veces me atosigó con ellas.
Sentí frustración. Perdí, me enojé, me desconocí en vínculos. Y qué feo es desconocerse. Qué doloroso es perderse de uno mismo.
Pero también hubo reconciliación: con la vida, con Dios, con mi historia.
Me alejé de personas que quise, de lugares donde no me sentía vista. Aprendí a estar conmigo, sin ruido.
Aprendí Reiki desde muy chica, me metí con los registros akáshicos, el tarot, la radiestesia, la respiración consciente, el yoga. Todo eso fue mi forma de preguntarle al universo si lo que hacía estaba bien.
Y hoy, recién hoy, siento que empiezo a calmar ese dolor.
Habitarme ya no es una lucha, es una elección.
No sé si tengo todas las respuestas —de hecho, dudo de casi todo—, pero sí sé que me encantaría poder acompañarte en tu propia búsqueda.
No desde un lugar de saber más, sino desde el mismo lugar donde estoy: el de quien sigue aprendiendo a habitarse.
Porque si algo entendí, es que no se trata de llegar, sino de volver.
Una y otra vez, a casa —esa que está ADENTRO
CON AMOR
LULA.